Se trata de una tradición valenciana vinculada al día de Día de Todos los Santos (1 de noviembre) y al día de los Fieles Difuntos (2 de noviembre). La tradición de Les Animetes o Animes (almas) se celebra en la Región Valenciana, en España, durante la Semana Santa y en otras ocasiones para honrar a nuestros difuntos..
Es una tradición que se ha trasmitido desde la edad media de generación en generación. Durante la noche del 1 al 2 de noviembre, “las animetes santas” (las almas de los difuntos familiares) vuelven por un tiempo al hogar de los vivos.
Para ayudarlas, se encienden velas (“animetes”) o candelas en las casas, para que esas almas puedan “subir al cielo”.
Principalmente en municipios de la Comunitat Valenciana.
Por ejemplo, en Oliva (Valencia) se anuncia la «Noche de las Almas» el 31 de octubre con pasacalles y túnel del terror.
En otras localidades también figuran actividades más orientadas al público infantil y juvenil bajo este título.
En casa: se coloca una vela en memoria de los difuntos, se permanece en el hogar y se evita salir demasiado tarde para “no molestar” a las animetes.
En el ámbito público: algunos municipios organizan pasacalles, talleres o actividades que mezclan la tradición con el entretenimiento nocturno. (Ver Oliva como ejemplo.)
Hay cierta mezcla con la celebración moderna de Halloween, pero esta tradición tiene un origen más vinculado al día de los difuntos.
Durante Les Animetes, un grupo de personas vestidas con túnicas y máscaras de esqueletos recorren las calles del pueblo. Los participantes danzan al ritmo de tambores y flautas, creando una atmósfera misteriosa y sobrecogedora.
La figura central de la procesión es el "Drac" (dragón), una estructura de madera y papel que representa a un dragón gigante. El Drac es llevado por varias personas y se mueve de manera serpentante, mientras las Animes bailan a su alrededor.
La tradición de Les Animes tiene un fuerte simbolismo relacionado con la muerte y la resurrección. Se cree que esta celebración tiene sus raíces en rituales paganos que honraban a la naturaleza y al ciclo de la vida.
¿Tengo que participar? No es obligatorio; es más una costumbre que algo oficial. Puedes escoger simplemente encender una vela o participar en un evento.
¿Es lo mismo que Halloween? No exactamente. Aunque algunas actividades se superponen (disfraces, túneles del terror), la tradición de las “animetes” es diferente: más centrada en la memoria de los difuntos y en el ámbito familiar.
¿Qué necesito para vivirla “como antaño”? Una vela o pequeña lámpara en casa, recordar a los difuntos familiares, quizá visitar el cementerio en día 1 o 2 y mantener la atmósfera de respeto.

La tradición...
Según una creencia popular que ya compartían celtas y otros pueblos antiguos, el día de Todos Santos al anochecer, las almas del Purgatorio vuelven por un día, a las casas que habitaban (esto explica el miedo de andar por sendas solitarias y toparse con alguna aparición). El día siguiente tienen que volver a su estado habitual. Si no se encienden candelas o "mariposas", las almas en pena se pueden perder en su camino hacia el cielo.
No en balde se pensaba que subían al cielo entre Todos los Santos y el Día de las Almas o Día de Difuntos. De aquí viene la tradición de encender candelas que flotaban en óleo, las "mariposas". Una por cada alma de un familiar perdido y que se mantenían desde el día de Todos Santos hasta el mediodía del Día de las Almas, el día 2 de noviembre.
El día de Todos Santos en nuestras tierras era una jornada de estar en casa. Hay multitud de fábulas que nos hablan de cazadores que no respetaban la fiesta, se van a cazar y ya no vuelven más; fábulas de pescadores que no osan salir a pescar, porque en Todos Santos solo se pescan desgracias, etc.
La visita en el cementerios y la ofrenda de flores a las tumbas de los familiares es característica de cualquier de los dos días y ha sido asociada, durante mucho de tiempo, a determinadas formas de costumbres vecinales, como el estreno de ropas de abrigo, la aparición de las castañeras en las calles o la venta de dulces característicos, como los panecillos de muerte o los huesecillos de santo de mazapán.
