Concha Piquer (Cantante)

La voz que dio alma a la copla

Concha Piquer (1908–1990) fue la figura más emblemática de la copla y la canción española, llevando su identidad valenciana por todo el mundo.  Su vida dio un giro cuando el maestro Manuel Penella la descubrió y la llevó a los Estados Unidos, donde brilló en Nueva York en los años 20. Allí fue pionera del cine sonoro y se convirtió en una estrella internacional. Pero su alma seguía perteneciendo a España, y fue aquí donde realmente dejó huella.

Concha Piquer grabó y popularizó temas en valenciano, siendo el más célebre "La Maredeueta" (dedicada a la Virgen de los Desamparados), una pieza fundamental del cancionero popular regional. También interpretó el "Romance de Valencia".
Concha Piquer (1908–1990) fue la figura más emblemática de la copla y la canción española, llevando su identidad valenciana por todo el mundo.

En relación con el debate lingüístico y su legado, destacan los siguientes puntos:

Identidad y lengua: Aunque la gran mayoría de su repertorio fue en castellano (como los clásicos Ojos verdes, Tatuaje o En tierra extraña), siempre reivindicó su origen valenciano.

Canciones en valenciano: Piquer grabó y popularizó temas en valenciano, siendo el más célebre "La Maredeueta" (dedicada a la Virgen de los Desamparados), una pieza fundamental del cancionero popular regional. También interpretó el "Romance de Valencia".

Relación con el valenciano: A diferencia de Enric Valor, que trabajó en la estandarización gramatical de la lengua, Piquer representó la vertiente popular y sentimental del valenciano, utilizándolo principalmente en piezas de temática religiosa o costumbrista vinculadas a las tradiciones de su tierra natal.

Hito histórico: Es reconocida por haber protagonizado en 1923 la primera película sonora del mundo, un cortometraje dirigido por Lee de Forest donde aparece cantando y hablando en español. 

Su figura es objeto de una reivindicación contemporánea en Valencia, donde su casa natal funciona actualmente como la Casa Museo Concha Piquer. 

La aventura americana 

Estrenó su ópera "El gato montés" en Nueva York. El 13 de septiembre de 1922, en un entreacto de este estreno, interpretó la canción "El florero" de Penella. Pasó cinco años en Estados Unidos, cantando en Broadway y en muchos teatros. Durante este periodo, en 1923, realizó un cortometraje sonoro dentro de una de las muchas pruebas que Lee De Forest estaba realizando mientras experimentaba y perfeccionaba su sistema de sonido sincronizado Phonofilm.

Vuelta a España

Una vez finalizado su trabajo por  tierras americanas y de vuelta en España:

Actuó en el teatro Romea de Madrid y en el Coliseum barcelonés, y rodó en París El negro que tenía el alma blanca, de Benito Perojo. Siguió con La bodega (1930, Benito Perojo), Yo canto para ti (1935, Fernando Roldán), La Dolores (1940, Florián Rey), Filigrana (1949, Luis Marquina) y Me casé con una estrella (1951, Luis César Amadori).

Dueña de una voz poderosa y una presencia elegante, Concha Piquer dio vida a algunas de las coplas más recordadas del siglo XX: “Ojos verdes”, “Tatuaje”, “No te mires en el río”, entre muchas otras. No solo cantaba, interpretaba; cada canción era una historia, un drama, un trozo de vida. Tras décadas de éxito, se retiró de los escenarios en 1958, pero su legado sigue vivo. Murió en Madrid en 1990, un día antes de cumplir 84 años, dejando tras de sí una estela de arte, pasión y memoria.

Concha Piquer no fue solo una artista: fue, y sigue siendo, una parte fundamental del alma musical de un pueblo.

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