Taifa de Balansiya

La Taifa de Valencia o taifa de Balansiya (No debe confundirse con Reino de Valencia) era uno de los reinos de taifas creados a raíz del fin del Califato de Córdoba en 1010. Duraría hasta el 1238, cuando fue conquistada por Jaime I y se creó en su lugar el Reino de Valencia.

Reyes taifas de Valencia: primera taifa Régulos eslavos (1011-1021)

• Mubarak (Mbarek) y Muzzafar

• Labib de Tortosa Dinastía de los amiríes (1021-1085)

• Abd al-Aziz (1021-1061)

• Abd al-Malik ben Abd al-Aziz al-Mansur Modafar (1061-1064) Taifa de Toledo (1064-1075)

• Abu Bakr ben Abd al-Aziz (1075-1085) (sometido formalmente a vasallaje por la Taifa de Zaragoza)

• Utman ben Abu Bakr (1085) Otros régulos (1085-1094)

• Al-Qádir (1085-1092)

• Yafar ben Abd Allah ben Yahhaf (1092-1094) Conquista por el Cid 1094-1102 Conquista por los almorávides (1102-1144) Reyes taifas de Valencia: Segundas taifas Dinastía (1144-1147) Controlado por la Taifa de Murcia 1147-1171 Conquista por los almohades 1172-1228 Reyes taifas de Valencia: terceras taifas 1228-1238 Dinastía (1228-1238)

• Zayyan ibn Mardanish 1228-1238 Conquista por Jaime I en 1238

En el cuadro Embarque de los moriscos en el puerto en Alicante, pintado por Pere Oromig entre 1612 y 1613, aparece en primer plano el comisario real Baltasar Mercader, vestido con el hábito de caballero de Santiago. A la izquierda, extramuros y delante de la puerta de la ciudad (coronada con el escudo de Alicante), está representada parte de la Casa del Rey, donde fueron alojados muchos moriscos mientras esperaban su embarco en las galeras que esperan cerca del muelle y de la playa. Al fondo se ve el castillo de Santa Bárbara, en la cumbre del Benacantil y con el detallado perfil de la cara del moro.

La Valencia musulmana conoció su mayor esplendor en el siglo XI, durante el reinado de Abd al-Aziz, señor de la Taifa valenciana, nieto de Almanzor. El Reino Taifal valenciano-árabe de Balansiya, en el siglo XI es la primera forma de Estado, autónomo, en el que sobresale la figura de Abd al-Aziz ibn Amir "de origen sirio", el más grande “malik” ,rey de Balansiya "Valencia", y que reinó desde el año 1021 al 1061. Antes de Abd al-Aziz, Valencia aparece como un apéndice al norte de los dominios del caudillo godo Teodomiro, que pacta un statu quo con los nuevos dominadores árabes y, a cambio de su gobierno vitalicio sobre algunas zonas valencianas meridionales y murcianas, permite la progresión de los árabes y su asentamiento colonizador. De hecho, su propia familia entronca con árabes prominentes; su hija se casa con el noble sirio Ibn Jattab, anotemos la primera aparición de los sirios relacionados con Valencia, cuyos descendientes son los primeros señores de Balansiya, y  favorecen el establecimiento aquí de agricultores venidos de Siria, y también egipcios, que con sus conocimientos de las técnicas agrícolas y sistemas de riego perfeccionarían la agricultura de los oriundos, la población íbero-romanizada. Tras el paréntesis de otra figura reseñable de los musulmanes en Balansiya, el príncipe omeya Abd Allah, llamado “al-Balansi”, es decir, “el valenciano”.

La “edad de oro” de los musulmanes valencianos lleva el nombre de Abd al Aziz. La gran Taifa de Abd al-Aziz Cuando el califato omeya de Al-Andalus se divide en reinos independientes "las Taifas", Balansiya emerge como uno de los más importantes, de la mano de su rey Abd al-Aziz. Este gran monarca valenciano-musulmán, nieto de al Mansur ”el Vencedor”, el Almanzor del habla castellana, engrandeció territorialmente Balansiya con la anexión de la Taifa de Almería, que comprendía también Murcia, y convirtió la ciudad de Valencia, que los árabes llamaban Medina al-Turab, “Ciudad de Arena”, por estar edificada en la orilla de un río, aunque enseguida el topónimo territorial de Balansiya pasó a ser también el de la ciudad, en la mayor plaza fuerte de todo al-Andalus.

Abd al-Aziz que sus cuarenta años de reinado fueron el periodo de mayor esplendor de la Valencia musulmana y “els moros valencians havien de recordar, lo amb enyoranza en els seus tribulacions posteriors”. Y hace referencia a crónicas árabes de la época, que nos retratan a los musulmanes valencianos como de “elegant aspecte” y como “gent rica, que disposava en les seues cases de tots els atifells i estris de luxe i de plaer, i adquirien qualsevol novetat exòtica que hi aparegués...”. Al-Munia real Abd al-Aziz construyó su palacio real de al-Munia, en árabe, según la costumbre de los soberanos árabes como un lugar de recreo fuera de la ciudad, donde ahora están los Viveros. El gran arabista Henri Pérès en su libro Esplendor de al-Andalus, nos habla de la belleza y grandiosidad del palacio, que “comprendía un gran jardín plantado de árboles frutales y flores; un río lo atravesaba, y en el centro se encontraba el palacio, con pabellones ricamente decorados, que se abrían al jardín”. El día de la inauguración, dice Pérès, Abd al-Aziz dio una fiesta “que reunió a la flor y nata del reino; cien pajes servían las vituallas y el vino; el príncipe distribuyó ese día veinte mil presentes y donó en feudo propiedades importantes”... al-Rusafa de los primeros musulmanes valencianos debió ser “hermoso y placentero paraje” aunque se sabe poco.

Fue el lugar de nacimiento del poeta Muhammad ibn Galib al-Rusafi (muerto en 1177), reconocido por su gentilicio, que dice en su añoranza, lejos de Balansiya y de su al-Rusafa: “¿Es que alguien ha pronunciado su nombre? / Amigos míos: deteneos conmigo y hablemos de ella, pues su recuerdo es como el frescor del agua / en las entrañas ardientes (...)’’. El palacio de al-Rusafa fue levantada por el príncipe omeya Abd Allah –hijo del primer califa de al-Andalus, Abd al-Rahman I, que fue “virrey” de Balansiya y fue conocido en su época por el apodo de “al-Balansí (el valenciano). Abd Allah se construyó un palacio, a semejanza del de su padre, en Córdoba, y de su abuelo, el califa Hixam, en Siria, de allí viene el vocablo Russafa, porque, como dice Levi Provenzal, “añoraba aquellos fastuosos jardines”. Sabiendo esto y el gusto estético de los andalusíes, la Alhambra y el Generalife podrían ser una pálida muestra de aquella al-Rusafa valenciana, que consistiría en una serie de pabellones para el príncipe y su corte, rodeados de arroyos y surtidores, acequias y jardines, y huertos con árboles frutales. Otro balansí, Ibn al-Abbar, habla de “los granados” de al-Rusafa y llora su pérdida

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