Santa María de la Valldigna

Santa María de la Valldigna ocupa un lugar de honor entre los diversos monasterios valencianos. Este monasterio fue fundado en 1298 por Jaime II el Justo.
Fuente: valenciaturisme.org

Por su relevancia y por el protagonismo que tuvo en la historia de la Corona de Aragón, Santa María de la Valldigna ocupa un lugar de honor entre los diversos monasterios valencianos. Este monasterio fue fundado en 1298 por Jaime II el Justo, nieto de Jaime I. Cuenta la leyenda que, al volver de una incursión por tierras musulmanas y pasar por el valle que entonces se denominaba de Alfàndec, el rey dijo al abad del monasterio de Santas Cruces que lo acompañaba: “Qué valle más digna para un monasterio de vuestra religión”. Y el abad le respondió: “Vall digna señor, valle digno”. Y de esto provendría el nombre actual del valle. El monasterio, instituido dentro de la orden del Cister, se configuró como una filial del de Santas Cruces, con el cual tiene unas relaciones constructivas evidentes.

 

El largo proceso de construcción del monasterio está condicionado por los dos terremotos que asolaron la comarca y que marcaron el comienzo de una nueva fase de remodelación y de acondicionamiento al estilo arquitectónico del momento. La primera etapa corresponde a las edificaciones del siglo XIV y responde a las primeras necesidades monacales de la primitiva comunidad: claustro, iglesia, sala capitular y refectorio. Hoy todavía se pueden observar algunas de estos restos contenidos dentro de las construcciones posteriores, como por ejemplo parte de los muros de la iglesia o el Portal Nuevo. Después del terremoto de 1399, en el siglo XV se reconstruye una gran parte de los espacios del monasterio y el conjunto se amplía con edificaciones nuevas, más de acuerdo con la importancia del cenobio. Finalmente, en el siglo XVII, después del terremoto de 1644, se emprende un nuevo periodo que reformó la imagen medieval del monasterio y dotó algunos elementos del conjunto de un decorativismo propio del Barroco, como se constata por la ornamentación interna de la iglesia. Hay, además, algunas reformas que se generalizaron a toda la edificación, como el hecho de coronar con almenas una gran parte de las salas en respuesta a la amenaza pirata que era presente en nuestra costa durante el siglo XVI.

 

Alrededor del claustro se sitúan las principales dependencias: la iglesia al norte; la sacristía, la sala capitular y los dormitorios, al este; las cocinas y el refectorio, al sur; y los aposentos de los hermanos conversos, al oeste. Y, alejado de este centro, en la zona este del conjunto, el palacio del abad donde albergaban los visitantes más ilustres. Muchas de las salas han desaparecido, otros están en un estado ruinoso, mientras que las más afortunadas han podido ser reconstruidas a partir de los restos que se conservan y de las noticias que se tienen. El monasterio estaba rodeado por un recinto defensivo que todavía se conserva, y que en garantía tanto el aislamiento de la sociedad como la defensa de los posibles ataques que podían sufrir el cenobio y las poblaciones vecinas, para las cuales también fue un lugar de refugio. El acceso al conjunto monacal se hace a través del Portal Nuevo, el espacio original del cual se reformó durante los siglos XVI y XVIII, en que se añadieron edificaciones nuevas, como la capilla de la Virgen María de Gracia. En esencia, sigue el mismo modelo de los monumentales portales de acceso a recintos especiales, como por ejemplo a los monasterios o las ciudades, tal como ejemplifican el portal de acceso al monasterio de Santas Cruces o, en la misma ciudad de Valencia, la puerta de Serranos.

 

En 1835, con la desamortización de Mendizábal, tiene lugar la exclaustración y el monasterio es abandonado por los monjes y vendido a particulares. Y a partir de aquel momento empezó el expolio y la destrucción patrimonial del conjunto. Sillares y losas se vienen como material de construcción; la iglesia se convierte en almacén, y el refectorio y la sala capitular en corrales para el ganado. Y, entre 1920 y 1926, los arcos góticos del claustro alto del palacio del abad se incorporan a la estructura de una lujosa mansión de Torrelodones, a la sierra de Madrid. Declarado el conjunto monumento histórico-artístico, su recuperación se inició cuando en 1991 la Generalitat Valenciana compró el monasterio y sus dependencias. Des de entonces, se ha hecho una gran labor para salvaguardar las edificaciones que han sobrevivido, así como para restituir los elementos arquitectónicos dispersos, como por ejemplo el claustro del palacio del abad que fue devuelto a su lugar original en 2006.

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